Impulsada por María Teresa de Austria en la Academia de Bellas Artes, la Galería de Arte de Brera surgió en 1776 como un acervo didáctico para los estudiantes.

Sin embargo, en 1809 se formalizó su fundación como institución estatal, lo que fue un paso decisivo en su transformación hacia una de las pinacotecas más relevantes de Europa.

A diferencia de instituciones como los Uffizi, cuyo patrimonio proviene de las colecciones privadas de familias aristocráticas, Brera se constituyó a partir de decisiones políticas. 

En efecto, cuando Milán asumió el rol de capital del Reino de Italia, Napoleón promovió la transformación del espacio en un museo pensado para exhibir las piezas más representativas de los territorios bajo dominio francés.

A comienzos del siglo XIX, la supresión de órdenes religiosas derivó en la incorporación de numerosas obras requisadas en iglesias y conventos lombardos, así como en otros departamentos del reino. Este origen explica la presencia dominante de piezas sacras de gran formato en sus salas. 

En diciembre de 2024 y tras una espera de cincuenta años, la apertura del Palazzo Citterio hizo realidad el proyecto de la Grande Brera, integrando arte moderno, contemporáneo y un jardín urbano al circuito del museo.

Andrea Mantegna y el dramatismo del “Cristo muerto”

Entre las obras más relevantes del acervo figura Cristo muerto en la tumba y tres dolientes, realizada por Andrea Mantegna hacia 1483. Se presume que la pintura corresponde al cuadro hallado en el taller del artista tras su muerte, vendido luego al cardenal Sigismondo Gonzaga e inventariado en Mantua en 1627.

Posteriormente, la pieza pasó a la colección de Carlos I de Inglaterra y de allí a manos del cardenal Mazarino, antes de perderse su rastro por más de un siglo. En 1806, el secretario de la Academia de Brera, Giuseppe Bossi, solicitó la mediación de Antonio Canova para gestionar su compra, logrando su incorporación definitiva a la Pinacoteca en 1824.

La obra destaca por un encuadre perspectivo en el que el cuerpo yacente se ubica en primer plano, exponiendo la rigidez cadavérica y las heridas con una marcada precisión de contornos.

Cristo muerto en la tumba y tres dolientes, de Andrea Mantegna, Témpera sobre lienzo, 68 × 81 cm. (Foto Tomás Viñolo).

Simbolismo romántico en “El beso” de Hayez

El beso, obra de Francesco Hayez fechada en 1859, ingresó al museo en 1886 tras el legado de Alfonso Maria Visconti y la pintura se exhibió por primera vez en la Exposición de Brera de 1859, poco después de la entrada de Víctor Manuel II y Napoleón III en Milán.

La composición refleja el clima político posterior a la Segunda Guerra de Independencia italiana. La combinación cromática de las vestimentas —las medias rojas y el puño verde junto al vestido azul y blanco— remite a las banderas de Italia y Francia, interpretada por el público como una referencia patriótica de la época.

El beso, de Francesco Hayez, Óleo sobre lienzo, 112 × 88 cm. (Foto Tomás Viñolo).

La intimidad de la luz en Caravaggio

Caravaggio ejecutó La cena en Emaús entre 1605 y 1606, probablemente durante su refugio en Paliano, en las posesiones de la familia Colonna, tras la muerte de Ranuccio Tomassoni.

La obra perteneció al marqués Patrizi y permaneció en su palacio romano hasta 1939, año en que la Asociación Amigos de Brera la adquirió para el museo.

A diferencia de la versión conservada en la National Gallery de Londres, este lienzo presenta una escala cromática más reducida y un tratamiento lumínico centrado en la penumbra y la escena central (estudios mediante reflectografía y rayos X permitieron verificar las etapas previas del soporte y confirmar la autenticidad de la pieza).

Cena en Emaús, de Caravaggio (Miguel Ángel Merisi), Óleo sobre lienzo, 1606 (Foto Tomás Viñolo).

Geometría y perspectiva en Rafael

El matrimonio de la Virgen, pintado por Rafael Sanzio en 1504, procede de la iglesia de San Francesco en Città di Castello y llegó a Brera en 1805. Se dice que el artista tomó como referencia el retablo homónimo de Perugino para reestructurar la disposición espacial.

Según indican desde la Pinacoteca, los análisis reflectográficos muestran una red de líneas divergentes que convergen en el acceso al templo central, aplicando los principios del tratado De prospectiva pingendi de Piero della Francesca. 

En efecto, la simetría del edificio y el ordenamiento semicircular de los personajes articulan una composición basada en relaciones proporcionales estrictas.

El matrimonio de la Virgen, de Rafael Sanzio, 1504. Óleo sobre panel, 170 × 118 cm (Foto Tomás Viñolo).

Intervención a dos manos en el lienzo de los Bellini

San Marcos predicando en una plaza de Alejandría, Egipto fue encargado a Gentile Bellini en 1504 para el salón de la Scuola Grande di San Marco en Venecia. Tras la muerte de Gentile en 1507, su hermano Giovanni completó la pintura según lo dispuesto en el testamento del primero.

El diseño arquitectónico de fondo combina estructuras venecianas con elementos del Mediterráneo oriental, producto del viaje de Gentile a Constantinopla en 1479. La historiografía atribuye a Giovanni el acabado de las figuras y retratos situados en el sector izquierdo de la obra.

San Marcos predicando en una plaza de Alejandría, Egipto, de Gentile Bellini y Giovanni Bellini, Óleo sobre lienzo, 347 × 770 cm.

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