La 61ª edición de la Bienal de Venecia ha inaugurado su calendario con la fuerza de un naufragio que, lejos de hundirse, ha decidido flotar a la deriva entre la diplomacia y el escándalo. Este año no hubo cintas cortadas ni brindis de gala; en su lugar, el evento más antiguo del mundo del arte abrió sus puertas el pasado 9 de mayo bajo el peso de ausencias prematuras y una tensión geopolítica que terminó por eyectar a su jurado oficial. En efecto, lo que debía ser un espacio de contemplación se transformó, casi por diseño del destino, en un thriller político donde el arte parece ser el último refugio de lo humano. Curaduría huérfana y jurado ausente El camino hacia esta edición estuvo marcado por el luto. Koyo Kouoh, la curadora camerunés-suiza que imaginó esta Bienal bajo el lema In Minor Keys (En claves menores), falleció en mayo de…
Hay objetos que dejan de pertenecer a la materia para entrar en el terreno de la fe. La camiseta azul de México 86 es, para el imaginario argentino, una reliquia…
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El ciclo de conciertos organizado por la Fundación ProArte Córdoba suma un nuevo capítulo en la agenda cultural de la provincia. Este sábado 9 de mayo en el mayor coliseo…
La descomposición suele leerse como un final, un proceso biológico o material del que conviene apartar la vista. Sin embargo, para la compañía Les Amorosos, ese estado representa el momento…
En el Pabellón Amarillo de La Rural, precisamente en el stand 1509, un cartel pequeño condensa casi sesenta años de insistencia y soberanía intelectual: “50 ferias y una sola Flor”. …
Diminuto escándalo en un campo minado es una pequeña obra que parte de la intuición lúcida de que la comedia es territorio de lo mortal. Tropezarse, perder el control, quedar…