Con “Donde me lleven”, el artista visual cordobés inauguró una nueva exposición en el marco del Ciclo 4/45 de Casa Cascón.

A través de pinturas de gran formato que toman la zapatilla como eje formal y simbólico, Gabriel Garay marca un quiebre respecto de sus series industriales para reencontrarse con el paisaje, el color y la memoria de sus orígenes.

Así, en el espacio cultural Casa Cascón, ubicado en el barrio Bajo Palermo, el andar deja de ser un acto cotidiano e inadvertido para transformarse en una indagación sobre el espacio que habitamos

La exposición reúne una serie de obras a gran escala donde la estética urbana dialoga con la tensión entre la austeridad cromática y la irrupción del color. 

Del volumen industrial al soporte del movimiento

El trayecto reciente del creador cordobés estuvo marcado por superficies sobrias y estructuras pesadas. Sin embargo, en esta oportunidad el objeto cotidiano asume un protagonismo inédito, ya que la figura del calzado monumental funciona aquí como una estructura narrativa que articula el soporte pictórico con la noción del desplazamiento.

El uso predominante del blanco y negro en los volúmenes contrasta con intervenciones de color que interrumpen la composición, marcando los ritmos de la vista sobre el lienzo. 

Y es a partir de esa síntesis visual, que las zapatillas operan como el vehículo conceptual para desarmar la rigurosidad de sus exploraciones anteriores y permitir el reingreso de los elementos naturales y el paisaje a su producción.

El paisaje como punto de llegada

El retorno a las raíces implica una relectura del paisaje a partir de la experiencia acumulada. En efecto la caminata, sugerida a través del calzado de dimensiones extraordinarias, propone al espectador una experiencia inmersiva centrada en la memoria del trayecto. 

Al mismo tiempo, el dinamismo que evoca la forma se entrelaza con momentos de contemplación, donde la fuerza urbana de la ciudad convive con la sugerencia de un territorio más íntimo.

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