Al recorrer la obra de Pablo Canedo, se entrevé una búsqueda constante en su producción visual: esa necesidad de capturar aquello que no se ve, pero que sostiene la percepción del mundo.
La muestra La magia que ocupa el espacio entre las cosas, abierta al público en el MACU (Museo de Arte Contemporáneo Unquillo), propone un recorrido panorámico por la trayectoria del artista cordobés, reuniendo obras que van desde sus comienzos hasta sus últimas realizaciones.
La exhibición restituye el espesor de un lenguaje plástico riguroso, donde el dibujo de precisión lógica, la colorimetría atenta a la luz y la investiación sobre el espacio urbano e interior configuran un universo impregnado de metafísica y misterio.

Entre la tradición metafísica y los espacios vacíos
El cuerpo de obra reunido en la sala pone de relieve una tensión entre la herramienta de la razón y la intuición poética. En las distintas etapas creativas de Canedo, la composición funciona como un instrumento de mensura para escudriñar la realidad y construir atmósferas donde conviven lo místico y lo inquietante.
En su tramo inicial, su producción dialoga de manera franca con la herencia de la pintura metafísica cordobesa. En efecto, en sus escenas hay ecos de maestros como José De Monte, Diego Cuquejo, Antonio Monteiro, Ernesto Farina, Onofrio Palamara y Marcelo Bonevardi, así como las sutilezas de los cielos crepusculares y las paletas desaturadas asociadas a Olimpia Payer.
Canedo pintó escenarios urbanos deshabitados, ciudades desoladas, interiores en penumbra y habitaciones infantiles que funcionan como territorios de juguetes animados o extrañamientos poéticos.
Las sillas vacías —móvil recurrente en sus dibujos, pinturas y construcciones escultóricas— se transforman en módulos de apilado o estructuras aparentemente absurdas que insinúan narrativas inconclusas, donde la escena sugiere siempre un hecho inmediatamente anterior o posterior.


Geometrías, partículas y paisajes neofuturistas
A lo largo de su trayectoria, el repertorio de Canedo incorporó elementos simbólicos complejos: laberintos, nudos brunianos y figuras aladas enjauladas en sus propios universos. En sus piezas más tardías, sin embargo, la luz adquirió una centralidad decisiva.
A través de tonos suaves y atmósferas cargadas de partículas en suspensión, los paisajes naturales y urbanos mutaron hacia visiones neofuturistas. En estas composiciones de madurez se afianzó una síntesis entre el dibujo geométrico, el humor sutil y la reflexión existencial.



El espacio de creación
La muestra permite asomarse también al método de trabajo de Canedo, gestado en “El Hormiguero“, el refugio de taller donde el artista articulaba sus lecturas de filosofía y literatura, la escucha de música y la observación de la naturaleza silvestre con la práctica metódica del dibujo y la pintura, según se lee en el texto que forma parte del catálogo.
Fue en ese entorno de concentración cotidiana donde depuró la paleta de color y la precisión técnica que definen su obra.
Para visitar
La exposición puede visitarse en el Museo de Arte Contemporáneo Unquillo (MACU) hasta el domingo 11 de octubre en los siguientes días y horarios: Viernes de 16 a 19; y sábados y domingos de 10 a 13 y de 16 a 19.





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