El pasado 9 de abril, el Centro de Arte Contemporáneo (CAC) fue el escenario para la presentación de Los espejos de Renata, la nueva novela de Olga Lucía Strombolo, quien firma bajo el seudónimo SOL.
La autora, cuya trayectoria se reparte entre la gestión de recursos humanos y el estudio de la conducta, propone un relato que se desprende de la narrativa histórica lineal para adentrarse en las grietas del inconsciente.
El quiebre del control
La trama arranca con una pérdida. Renata, una mujer que ha construido su identidad sobre los pilares del pragmatismo y el control, se desmorona tras la muerte de su padre.
Ese vacío, que la protagonista vive como un desarraigo físico, la conduce a un consultorio terapéutico donde las reglas del juego cambian drásticamente.
La irrupción del doctor Julián Sáenz, un terapeuta que sustituye al habitual, marca el inicio de una deriva psíquica a través de regresiones a vidas pasadas.
La piel de la historia
A diferencia de otros relatos que abordan la reencarnación desde un misticismo laxo, Strombolo utiliza su experiencia en el análisis de la conducta para estructurar un viaje vertiginoso.
Renata deja de ser ella misma para encarnar figuras que habitan los márgenes de la historia: desde la desterrada Berenice hasta la implacable Frédégonde.
En ese tránsito, la novela plantea que estas identidades no son meras fantasías, sino resonancias de traumas y secretos que la protagonista arrastra desde su propia infancia.
El dispositivo del reencuentro
El texto dialoga con las premisas de Brian Weiss sobre la continuidad de la existencia, pero lo hace desde una prosa que prioriza la tensión narrativa. No hay aquí una búsqueda de consuelo fácil, sino una confrontación.
La técnica de los “espejos imaginarios” que propone el doctor Sáenz funciona como un dispositivo para que la protagonista ensamble los fragmentos de un alma que se percibe disuelta.
Identidades en disputa
Strombolo, licenciada en Ciencias de la Educación por la UNC y con formación de posgrado en la Universidad de Málaga, logra que su expertise en dinámica organizacional y diagnóstico se filtre en la construcción de los personajes.
El doctor Sáenz, lejos de ser un observador pasivo, termina siendo arrastrado por el mismo laberinto de coincidencias que intenta descifrar en su paciente.
Así, Los espejos de Renata se presenta como un puente entre la ficción y la indagación espiritual, interrogando al lector sobre la posibilidad de que el origen de las angustias presentes se encuentre en un tiempo que la razón académica suele ignorar.




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