El cruce entre la observación científica y la sensibilidad artística exige, antes que certezas, una disposición absoluta al viaje y a la pregunta. 

Bajo esa premisa se cifra el trabajo de Irene Kopelman, quien este jueves 18 de junio a las 18 presentará su libro Notas de campo. Escribir para dibujar en la Plaza Cielo Tierra (Bv. Chacabuco 1300, Parque de las Tejas).

El encuentro sumará a las reflexiones de la autora las miradas de los artistas y docentes locales Pablo González Padilla y Eugenia González Mussano y la publicación ingresará a las librerías a través de la editorial independiente Los Ríos.

Dibujar el paisaje para comprenderlo

Nacida en Córdoba y formada en la Escuela de Artes de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC), Kopelman consolidó una trayectoria internacional signada por la itinerancia y el rigor metodológico. 

Tras su paso por la Rijksakademie van Beeldende Kunsten de Ámsterdam y la finalización de su doctorado en Europa, su producción abandonó las dinámicas tradicionales del taller para volcarse al territorio.

Así, Notas de campo funciona como una bitácora de ese desplazamiento continuo. Desde la densidad de la selva amazónica y los manglares del Caribe hasta el vacío del polo antártico, las montañas del Alto Perú o las profundidades oceánicas frente a las costas de África, el libro recopila las dinámicas de una creadora que utiliza el dibujo y la escritura como herramientas analíticas

Al tratarse de una insistencia sostenida en torno a un interrogante central: cómo representar el mundo natural, “estas ‘Notas de campo’ ponen en relieve una vida dedicada a la exploración y la aventura, como medio para indagar en la relación entre el arte y las disciplinas científicas, los mecanismos de producción y sus resultados”, según reza la sinopsis del libro.

La ciencia como interlocutora

El valor diferencial de la obra de Kopelman radica en su capacidad para infiltrarse en los espacios de producción de conocimiento. Sus primeros proyectos rastrearon las lógicas de archivo en instituciones como el Museo de Historia Natural de Londres o el propio Observatorio Astronómico de Córdoba.

Con el tiempo, esa curiosidad mutó hacia la confrontación directa con el paisaje en transformación. Para entender la morfología de un campo de lava en Hawái o los retrocesos glaciares en Suiza, la artista coordinó colaboraciones con organismos de referencia como el Smithsonian Tropical Research Institute de Panamá, el Manu Learning Center de Perú o el World Glacier Monitoring Service

El resultado es un cuerpo de obra donde el arte adopta el método, los tiempos y la paciencia de la ciencia para devolver una mirada propia.

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