Hay objetos que dejan de pertenecer a la materia para entrar en el terreno de la fe. La camiseta azul de México 86 es, para el imaginario argentino, una reliquia que no admite tasación.

Sin embargo, en un mundo donde la memoria se subasta al mejor postor, la película La casaca de Dios —estrenada este 9 de abril— llega para recordarnos que la verdadera historia no se escribe solo en el césped, sino en el silencio de quienes custodian los símbolos.

Pero al margen de la épica maradoniana que propone el guion de Marcos Carnevale, el filme de Fernán Mirás pone de relieve el presente de la producción en Córdoba, que se afirma cada vez más como una usina creativa con alcance internacional.

Es, quizás, el signo de una época donde las etiquetas geográficas se diluyen; aquí, a través de la labor de Prisma Cine, se advierte una búsqueda por filmar lo propio con el rigor y la proyección que exigen los escenarios globales hoy.

El modelo de coproducción como estrategia de expansión

En efecto, detrás del despliegue internacional de este filme aparece Prisma Cine. La productora cordobesa, liderada por Antonio Pita y Jorge Pérez Gaudio, reafirma con este título una estrategia de expansión que ya no pide permiso en la escena nacional.

No se trata de un hecho aislado o de una apuesta azarosa sino que es el resultado de un modelo de coproducción sostenido que ha vinculado a Córdoba con mercados diversos, como se vio previamente en proyectos como “La estrella azul” o “Recursos humanos”.

Memoria y dignidad frente al mercado de la nostalgia

Escrita por Carnevale, la trama se aleja del registro estadístico del deporte para centrarse en Titi Malvestiti, un utilero de barrio cuya vida está marcada por la pérdida de un hijo en la guerra y por un secreto vinculado a esa camiseta azul que Diego Maradona inmortalizó frente a los ingleses.

Cuando la prenda sale a subasta como el objeto de memorabilia más caro de la historia, la película se convierte en una misión quijotesca que cuestiona la mercantilización del pasado frente a la dignidad de quienes preservan la memoria afectiva.

La casaca de Dios: la camiseta azul que Diego Maradona inmortalizó frente a los ingleses.

Capacidad técnica con sello local

Lo relevante para el mapa audiovisual de la provincia es que la presencia de Córdoba en este filme es integral, puesto que no se agota en la inversión de capital de Prisma Cine, Frontera+ y Condeco Media, sino que permea la estructura técnica de la obra.

La posproducción, un eslabón crítico de la cadena de valor cinematográfica, fue ejecutada por profesionales locales como los de 440 Estudio y el colorista Gonzalo Greco.

Esta capacidad técnica instalada es la que permite que una historia con ambición global pueda ser procesada íntegramente desde el centro del país.

Córdoba en el mapa del cine contemporáneo

El filme, que tuvo su paso previo por el Festival de Málaga, llegó a los cines argentinos en un contexto donde la producción federal enfrenta desafíos de subsistencia.

En ese escenario, que Córdoba logre posicionar una película de esta escala, con figuras de la talla de Marrale y Oreiro y participaciones de Sergio Goycochea y Pablo Giralt, demuestra que la construcción de un polo audiovisual no es una expresión de deseos, sino una realidad palpable.

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