Hay un humo que no se queda en la Patagonia, que cruza el mapa, trepa por las sierras y se instala en la garganta de los que, a la distancia, asumen que el dolor del bosque es también un dolor propio. 

Mientras en Puerto Patriada y en el corazón de Los Alerces el fuego avanza con esa voracidad ciega que solo deja esqueletos de coihues y ceniza, en Córdoba se levanta una barricada distinta: la de la música.

En un acto de prepotencia afectiva, un grupo de artistas que son parte del ADN de nuestra cultura decidió que no se puede cantar a pie de página mientras el sur se desvanece. 

Así, idearon “Arde la vida”, un festival solidario que este martes 24 de febrero a las 19, abrirá las puertas de la Sala de las Américas para intentar sanar, con notas y recursos, lo que las llamas y la desidia estatal intentan borrar.

Una grilla que es un abrazo

Ver nombres como los de Piñón Fijo, Silvia Lallana, Juan Pablo Toch, Paola Bernal, Lore Jiménez y José Luis Aguirre -por citar solo algunos de una lista que no para de crecer- es entender que la solidaridad en Córdoba tiene memoria y tiene ritmo. 

Lo recaudado no irá a un fondo etéreo; tiene destino urgente. A través de la Asociación Civil “Antu Quillén”, el dinero se transformará en herramientas para esos bomberos y voluntarios que hoy pelean una guerra desigual, cuerpo a cuerpo con el fuego, y en un techo o un plato de comida para las familias que vieron cómo sus vidas se reducían a carbón en cuestión de minutos.

La política del cuidado

En tiempos donde las respuestas institucionales parecen siempre llegar cuando el suelo ya está frío, la gestión civil toma la posta. 

La entrada -con valores de $10 mil, $20 mil y $30 mil pesos en Alpogo.com– no es el precio de un ticket; es un aporte a una red de prevención que busca, además de apagar el presente, cuidar el futuro.

“Arde la vida”, dicen. Y es cierto. Pero mientras haya una guitarra que se plante y una comunidad que responda, habrá también una chispa de esperanza que el fuego no podrá alcanzar.

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