Con la inauguración de Perfecta Glitch en el Multiespacio Cultural Bancor, ocho creadores articulan un mapa de tensiones donde el fallo informático deviene en operaciones poéticas, lúdicas y materiales.
La muestra reúne la producción de artistas de la escena tecnológica de la provincia bajo un eje que desplaza la noción de utilidad instrumental hacia la dimensión del juego y la sospecha crítica.
Bajo la mirada curatorial de Manuel Molina —investigador y último ganador del Premio de Pintura de la entidad—, la exposición toma el glitch, ese aparente fallo del sistema informático, no como una rotura definitiva, sino como un cúmulo de errores acertados; fisuras controladas que permiten desarmar las pretensiones de transparencia del paisaje digital que habitamos a diario.
Arqueologías del desecho y cuerpos mutantes
El recorrido plantea un abanico de obras que oscilan de manera constante entre los entornos virtuales intangibles y las urgencias de la materialidad física.
Por caso, Carmela Trejo Rodríguez ensaya una suerte de tecno-operación zombi al intervenir los ciclos de obsolescencia programada industriales, transformando los residuos electrónicos de hardware en piezas de joyería e indumentaria contemporánea que devuelven el desecho tecnológico al cuerpo humano.
En una línea donde el soporte físico se vuelve indisociable del concepto, Andrés Belfanti hunde sus instalaciones cinéticas en la materialidad electro-metalúrgica que subyace a la idea difusa de “la nube”. Sus ensamblajes exponen cableados, antenas y pantallas desnudas, confrontando al espectador con la fricción constante entre el cuerpo biológico y la maquinaria.
En tanto, Iván González altera radicalmente la infraestructura de los circuitos informáticos tradicionales: sobre placas de cemento —una fenomenología del escombro urbano— construye paisajes sonoros donde resuena el canto de los pájaros registrados en barrios de Córdoba, Madrid y Berlín.
De la pintura virtual a la inteligencia artificial
La muestra también examina cómo las disciplinas clásicas reescriben sus límites. En este sentido, Lucas Aguirre traslada las densidades del óleo a la virtualidad a partir del escaneo tridimensional de sus propias pinturas, transformando la tela fija en espacios digitales transitables mediante el uso de cascos de realidad virtual.
En paralelo, Mónica Jacobo continúa sus investigaciones de los entornos lúdicos y de simulación a través de Polinización ocular, una pieza de realidad aumentada que invita al público a situarse sobre una semilla virtual en el instante preciso de su polinización, alterando las escalas de la experiencia perceptiva de las especies.
Asimismo, la irrupción de las inteligencias artificiales generativas halla su traducción en el laboratorio de sitio específico montado por Jorge Castro, quien presenta a Mathilda, una rockstar generada mediante algoritmos informáticos dentro de un entorno inmersivo que simula pantallas rotas.
El dúo Claustro, integrado por Sofía Garazurreta e Ignacio Bruno, se apropia de la arquitectura del espacio cúbico para someterla a una escritura luminotécnica mediante sensores sonoros, espejos y pantallas interactuantes.
Finalmente, Cintia Arias se distancia del realismo tecnológico para adentrarse en los códigos estéticos del gaming, construyendo paisajes surrealistas bajo paletas cromáticas encendidas que enlazan la iconografía astrológica con transiciones psicomágicas.
El circuito estival: diálogos entre épocas
La propuesta del arte digital se integra en un circuito peatonal que habilita lecturas cruzadas con el patrimonio y la historia regional, ya que a pocas cuadras, el Museo Tamburini aloja de forma simultánea la exhibición Un taller compartido: Borgarello y Damar.
La muestra documenta más de cuatro décadas de producción conjunta del matrimonio de artistas cordobeses integrado por Pablo Borgarello y Elisa Damar, permitiendo revisar cómo se articulaba el espacio de creación artística y de vida cotidiana a mediados del siglo pasado, en un contraste evidente con la desmaterialización de los talleres virtuales contemporáneos.
El mismo espacio incorpora una aproximación documental y numismática a través de la Colección Mundialista Argentina, que exhibe emisiones monetarias, medallas conmemorativas y piezas filatélicas ligadas a las copas del mundo desde 1978 hasta el presente, sumando las acuñaciones recientes proyectadas para el certamen de 2026 que rinden homenaje al gol de Diego Maradona frente a Inglaterra.
Cartografía e itinerarios
El Multiespacio Cultural Bancor, situado en Entre Ríos 119, mantiene la exhibición de Perfecta Glitch transitable de lunes a viernes en el horario general de 9 a 16; sin embargo durante julio se dispuso una franja específica de 12 a 14.
Por otro lado, el Museo Tamburini, ubicado en San Jerónimo 166, recibe a los visitantes de lunes a viernes de 9 a 16 para recorrer las muestras dedicadas a la retrospectiva histórica del taller de Borgarello y Damar.
Ambas instituciones mantendrán sus puertas abiertas con acceso libre y gratuito.

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