La escena teatral independiente de Córdoba vuelve a mirarse al espejo, esta vez con una dosis de ironía filosa y melancolía generacional.
Durante todos los sábados de junio, la sala de El Cuenco Teatro recibe a El ruido de los árboles, una propuesta que indaga en las fragilidades de la creación artística y la urgencia existencial de una juventud que intenta, ante todo, ser vista.
La dramaturgia, de Lautaro Ruiz bajo la premisa de ser una obra tallada “por, para y en contra” de sí mismo, funciona como un manifiesto sobre el fracaso cotidiano y las dinámicas del ego.
Además, bajo la dirección de Joaquín Notarfrancesco, la pieza se sumerge en el dilema clásico de la percepción, adaptado a los tiempos de la autoexplotación y la precariedad laboral: si un actor habita la escena y nadie lo mira, ¿existe realmente?
Tres cuerpos en busca de un registro
La trama sitúa a tres intérpretes —el propio Ruiz, junto a Sara Salazar y Santiago Moroni— de regreso en el departamento que comparten tras una jornada de supervivencia urbana.
Lejos de la épica del éxito, el refugio doméstico se transforma en el tablero de un juego inevitable: actuar para escapar del vacío.
Así, a través de escenas que se desarman a la vista del espectador, vínculos fragmentados y tensiones afectivas que emergen cuando se apagan las luces principales, la obra deconstruye la comedia tradicional para transformarla en un retrato áspero sobre la necesidad de validación ajena, en un living familiar que deviene en trinchera donde el simulacro es la única herramienta disponible para gambetear la frustración.
La urgencia de habitar el presente en Córdoba
Lejos de los discursos solemnes, la propuesta se planta desde una sensibilidad local y contemporánea, con una puesta que aborda los hilos invisibles de una generación habituada a simular certezas mientras transita trabajos inestables, exigencias de productividad y mandatos de felicidad instantánea.
Producir arte hoy en Córdoba implica, precisamente, ensayar respuestas colectivas ante un entorno que demanda resultados inmediatos.
El despliegue visual y espacial, diseñado por Agustina Charra y Selene Sanagustin en los rubros escenográfico y lumínico, dialoga de cerca con esa atmósfera de intimidad y extrañamiento.
Junio en El Cuenco
Las funciones se llevarán a cabo durante todos los sábados de junio a las 20 en El Cuenco Teatro (Mendoza 2063, Alta Córdoba) y las localidades pueden adquirirse a través de la plataforma Antesala (entrada general: $18.000; estudiantes y jubilados: $14.000).

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