Dicen que en el arte, como en la vida, lo que importa es la huella, esa marca que dejamos al pasar, a veces sutil, otras veces brutal, sobre un territorio que no nos pertenece del todo pero que estamos obligados a habitar.
Bajo esa premisa de fragilidad y potencia, la Argentina ya tiene nombre y forma para su próximo desembarco en la 61ª Bienal de Venecia: se trata de Monitor Yin Yang, el proyecto del artista Matías Duville con curaduría de Josefina Barcia.
La noticia no es menor. No solo porque Venecia sigue siendo la gran vidriera —ese “Mundial” del arte donde se miden estéticas y políticas—, sino porque la elección de Duville parece dialogar, con una sintonía casi mística, con el complejo presente que atraviesa la cultura.
La obra de Duville, que saca al dibujo de la comodidad del marco para transformarlo en una experiencia espacial y procesual, fue seleccionada en un concurso que batió récords de participación con 69 proyectos presentados.
Una obra que se camina y se transforma
Realizada íntegramente con sal y carbón, la pieza es un dibujo monumental que cubrirá el suelo del Pabellón Argentino.
Pero no es una imagen estática. La genialidad —y el riesgo— de la propuesta radica en que se transforma con el paso de los visitantes.
El público no solo contempla; el público interviene, deshace y rehace el sentido de la obra al caminarla. Es la acción humana como motor del cambio.
Duville es un explorador de paisajes mentales. Sus obras suelen evocar atmósferas enrarecidas, escenas que parecen suceder un minuto antes o un minuto después de un cataclismo.
Hay algo de lo “sobreviviente” en su trazo, una mezcla de brutalidad y delicadeza que ahora encontrará en la sal y el carbón el soporte ideal para hablar de la materia y el territorio.
Así, Del 9 de mayo al 22 de noviembre de 2026, el Pabellón Argentino en los antiguos arsenales venecianos dejará de ser un espacio de paredes blancas para convertirse en un terreno de sal y carbón.
Una invitación a ensuciarnos los pies para entender, quizás, qué rastro estamos dejando en este mundo.
El legado de Koyo Kouoh
El proyecto argentino deberá insertarse en una edición de la Bienal teñida por la emoción. In Minor Keys (En claves menores), el lema de esta edición, es el testamento intelectual de la curadora senegalesa Koyo Kouoh, quien falleció repentinamente en mayo del año pasado.
Sin embargo la Bienal decidió, en un gesto de respeto absoluto, mantener su visión: una invitación a bajar el ritmo, a escuchar las frecuencias del alma y a reconectar con lo sensorial.
Allí encaja la curaduría de Josefina Barcia, cuya investigación suele problematizar los discursos hegemónicos desde el Sur Global. La dupla artística propone una “clave menor” que es, a la vez, un grito silencioso sobre nuestro hábitat.

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